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Inicio 2018-07-21T10:32:47+00:00

Cuenta la leyenda que en las montañas de las Gavarres vivía un dragón bastante feo, pero de buen corazón. Un día mientras dormitaba en un claro del bosque, sintió pasos en el camino. Se trataba de una hermosa joven con una cesta que iba recogiendo piedra pómez para venderla en el mercado. Al instante, nuestro amigo se quedó preso de su belleza.

La chica iba cada semana a las montañas a buscar más para vender, hasta que un buen día, cargándose de valor, el dragón le declaró su amor. Ya se pueden imaginar el susto que se llevó la joven, que arranca a correr tanto como podía, hasta que nuestro protagonista, con un rápido vuelo, consiguió de detenerla.

Con muchos trabajos se hizo escuchar y, finalmente, se hicieron amigos.
Iban pasando las semanas y, ella, cada jueves iba a buscar su mercancía; aprovechaban para charlar y pasear juntos, hasta que, un buen día, le hizo saber que aquella sería la última vez que se verían: la piedra que iba a buscar se había terminado y ya no volvería.

El dragón no lo podía creer. Pasó una semana y otra y otra y ella no volvió. Desesperado, subió al pico más alto de las montañas para mirar si la veía, pero como no la vio, con sus fuertes garras hizo un agujero que bajaba hasta la llanura, pero tampoco la encontró. Alzó de nuevo el vuelo y subió a otra montaña para repetir la operación y lo hizo tantas veces como montañas hay en la zona. Desesperado por su fracaso se puso a llorar, y sus lágrimas llenaron los agujeros que había cavado en la montaña que bajaban hasta la llanura; fue así como se formaron las fuentes que hoy riegan los pies del macizo de las Gavarres.

Es en recuerdo de este enamorado que hemos dado nombre a nuestro globo, ya que no perdemos la esperanza de que algún día en uno de nuestros vuelos por el Empordà conseguimos encontrar a la bella joven.

© Cortadellas, Xavier. “El drac de les Gavarres” dins El poble dels centfocs. Llegendes de les Gavarres. Tarragona: Edicions El Mèdol, juny del 1996.